Llegaron mis nietos de vacaciones, y con ellos, el alboroto que llevan en la sangre.Como buenos abuelos engreidores que nos toca ser, hemos cedido cabalmente y sin protestar a casi todos sus reclamos y a casi todas sus peticiones, aunque debo decir que realmente ya no estoy para éstos trotes! Termino muerta! Es verdad que ya no recuerdo de dónde saqué energía para criar a mis propios hijos, jajaja.
Tener a los chicos en casa es una bendición, pero del mismo modo es una gran responsabilidad mantenerlos entretenidos, particularmente con ésta ola de calor que realmente nos tiene a todos aturdidos, y que nos provoca mantenernos encerrados en la habitación en medio de varios ventiladores, o salir a las calles y vagabundear con sendos helados repetitivos a lo largo del día. Así que hemos visitado ya en varias ocasiones el club, y estamos prestos a visitar la playa hoy día una vez más, hasta el día de mañana.
Lo realmente trucoso de ésta vez, es que los chicos han armado una huelga terrible en casa, amotinándose completamente y reclamando como pequeños salvajes de alguna tribu de Nueva Guinea, un campamento playero; y como mi espalda sinceramente ya no está para esa clase de menesteres, aunque mi voluntad y mi alma sigan siendo las de una quinceañera, pues no he podido ceder terreno. Sin embargo, el abuelo, quien jura y rejura que no sólo su alma sigue siendo de adolescente, sino también su físico, se ha comprometido en encargarse él del asunto, y ha tomado la batuta en la organización de éste fin de semana de desenfreno nietil. Así que estamos partiendo en 15 minutos a un pequeño hotel al sur de Lima, que permite el campamento en una de las playas aledañas. De modo que la abuela dormirá en una cama cómoda y con ventilación y directv, mientras que el abuelo hace gala de sus dotes de (old) boy scout.
Yo personalmente no me opongo, porque me da chance de leer tranquilamente un libro que tengo pendiente, y de organizar mi semana en paz, sin tanto alboroto. Pero obvio que bajaré a la playita y a comer con ellos, porque para esas cosas, la espalda, sí me da! Jajaja.
Un beso grande, les estaré escribiendo pronto!
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