lunes, 29 de septiembre de 2008

Y que pasen los nietos!

Anoche me quedé viendo con mi marido a Jaime Bayly, muriéndome de risa con las comparaciones que hacía el tío terrible, y cuando le preguntaba a su invitada sobre sus hijos, inmediatamente nos miramos a los ojos y decidios reclamar a los nuestros.

Es que se vienen dos cumpleaños súper importantes. El mío y el de mi marido, ambos a partir de la quincena de éste mes, así que como único regalo a pedido y orden popular, hemos reclamado la presencia de nuestros hijos y de todos nuestros nietos, que los columpios de la casa se ven muy tristes sin ellos, y vale decir que los extrañamos con locura.

La venta de la casa va muy bien, ya me acostumbre a recibir a mucha gente y hasta he horneado unas galletitas como he visto que hacen en los programas de televisión norteamericana cuando van a recibir visitas, para que la casa huela a hogar, y no a un enorme caserón ya medio deshabitado. 

En fin, para no desviarme del tema del cumpleaños, mi marido ha decidido hacer una lechonada con todos los familiares, y estamos mandando hornear un par de lechoncitos y los serviremos con sus papitas doradas, su choclito y su ensalada, todo self service porque acá no estamos para servirles a todos, total, es nuestro cumpleaños, y de lo demás queremos que se encarguen los niños.

Ay! Es que nosotros todavía nos referimos a ellos como "los niños", es que serán ya todos unos adultos hechos y derechos, pero todavía cuando los veo me dan ganas de cargarlos en brazos, y si la espalda y las rodillas no me fallaran como lo hacen, seguro que lo intentaría. Felizmente, ellos nunca han perdido la manía de meterse a mi cama a ver tele o una película conmigo cuando vienen, y eso me hace muy, muy feliz. Finalmente, cuando eran chicos, mandamos a hacer nuestra cama matrimonial de un tamaño especialmente grande para que podamos entrar todos juntos los fines de semana y ver películas con nuestra canchita y nuestras gaseosas de rigor. Una delicia, ahora la cama, como la casa, se siente grande y silenciosa. Felizmente tengo el día ocupado y me he ido acostumbrando a esa falta de ruido, aunque cada esquina de la casa esté guardada en mi memoria con la bulla de hace algunos años.

Hasta la cuenta de teléfono ya no es la misma! Recuerdo las enormes cuentas que llegaban, y los gritos de mi esposo cuando los chicos eran adolescentes y parecía que se amarraban el teléfono a las orejas, hablando horas de horas! 

En fin, las cosas van tomando su rumbo, y yo termino ésto dejándolos con un video que me ha pasado mi sobrino (que ya me enseñó a poner videos acá) con el que estoy segura se van a reir mucho.




Un beso y cuidense siempre.

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